Esta es la historia de unos periquitos de Cornellá (o del Prat, vete tú a saber) que se fueron de excursión a la sabana bilbaina, por cambiar un poco del clima mediterraneo y ver mundo.
Como todo el mundo sabe, la sabana bilbaina es territorio conquistado del león rojiblanco pero estos periquitos no se jugaban el tercer puesto por casualidad, saben lo que se hacen y a dónde van. Juegan serio, muy serio, presionan bien, están ordenados, recuperan fácil de la mano de Verdú y Duscher y tocan y atacan con mucho criterio (Callejón, Osvaldo, Datolo) y eso que les faltaba Márquez (que está siendo un descubrimiento).
Así que, dicho lo anterior y aprovechando que los leones hacían la digestión (los domingos se come más tarde) , los pericos se tiraron toda la primera parte haciendo lo que les daba la gana por San Mamés. Llegando fácil, dominando y con ocasiones brutales. Además, estos periquitos tenían influencia italo-argentina (estilo Pocchetino) y dominaban todas las artes de la pérdida de tiempo con su “periquito muerto”, “periquito desmayado”, “periquito que no saca”,…
En cualquier caso, gracias a la Virgen de Begoña (que diría Caparrós), Osvaldo sólo enchufó una y el Athletic se fue al descanso con un 0-1 (mención a Toquero que pudo hacer mucho más en la única que tuvimos).
Allí, en la intimidad de su leonera, Caparros debió pegar dos buenas voces y tuvo una idea plena de lucidez, quitar al león Javi Martínez, que tenía la digestión pesada, y meter al capitán de los leones Orbaiz.
¿Quién lo iba a decir? El juego lento de Orbaiz dotó de velocidad al Athletic. Paradójico. Tardaba más en pasar pero sus decisiones eran más acertadas y el equipo corría. Los leones se desperezaron, el público comenzó a rugir (animado también por las decisiones sin sentido del babuino que se paseba de amarillo y con silbato, Dios, qué malo) y los pericos vieron que faltaba mucho para que el avión saliera con destino a Barcelona.
Los periquitos del Espanyol se vieron sobrepasados. Se encerraron, o mejor dicho, les encerraron. Duscher se fue aculando hasta quedar encajado como un central y el centro del campo y todos los rechaces pasaron a ser rojiblancos.
Se acercaba la hora de la merienda y 36.000 leones en la grada y 11 sobre el campo clamaban por su comida. El Athletic dió múltiples zarpazos (muy bien Muniain) y al final… llegó. La sirvió Iraola y la cazó el Rey León (Llorente) de cabeza. Pero no era suficiente… la manada quería más y David López con un G-O-L-A-Z-O de falta espectacular mando al resto de pajaritos a la cazuela.
Un comentario aparte: Iraizoz me da tanta inseguridad como millones cobra (1,5 millones para ser exactos)… regalando córners en vez de atajar el balón…, le reconozco buenas intervenciones durante el partido… pero, sin haberlo vuelto a ver, diría que en el último minuto hizo un penalti estúpido y muy claro por empujón. Para mí, de libro.
Quedó la sensación de partido grande, entre dos equipos con pretensiones fundadas para estar arriba, jugado de cara a cara, directo, con agresividad pero sin violencia, con toque y con rapidez, un señor partido de los de toda la vida que ganaron los leones. Marcando territorio.

David Lopez tras cazar un periquito (golazo de falta)
Somos únicos,
y siempre seremos diferentes