A vueltas con la historia del viernes

Creo que este tema ha desatado cierta polémica y, como no puede ser menos, me voy a pronunciar al respecto.

El hecho de que desde el Club y las instituciones vizcaínas se propusiera el mantener parcialmente los eventos previstos para el caso de que hubiésemos ganado la Copa, es algo que debe valorarse en su justa medida. En primer lugar, debe quedar claro que, tras el desastroso resultado de la final, los jugadores fueron los primeros en rechazar cualquier tipo de homenaje o reconocimiento, lo que ya les honra y se corresponde con la camiseta que defienden. En segundo lugar, pero no por ello menos cierto, la afición, nuestra afición, se merecía algún tipo de reconocimiento (eso si, ninguno de los forofos rojiblancos se hubiese disgustado si no se hubiera hecho, no apoyamos al equipo pensando en recompensas que no tengan que ver con títulos o goles). En tercer lugar, la forma en la que se desarrollo el evento, con los jugadores paseando por Bilbo escapando de los cristales tintados del autobus para hacer felices a esos miles de aficionados que se echaron a la calle y agradecerles así su constante e inigualable apoyo, creo que elimina cualquier género de dudas respecto del carácter del evento. En cuarto lugar, sólo hay que ver los gestos, las caras y escuchar las palabras de los jugadores en los dos balcones para comprobar que el único y exclusivo fin de semejante liada era agradecer el apoyo a sus incondicionales seguidores. En quinto lugar, los de Bilbao hacemos las cosas  a nuestra manera, para bien o para mal, pero siempre a lo grande. En sexto lugar, la envidia corroe las mentes, y tratar de buscar “peros”, aspectos negativos y de meter caña en un momento como este a todo lo que tenga que ver con el Athletic y su unión con este pueblo y con su afición es algo que creo que descalifica y deja al aire las vergüenzas de quien lo intenta.

Somos únicos,

y siempre seremos diferentes.

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