La Santa Entrada (Cap. 1º)
Érase una vez un grupo de gente, unos 200.00, que vivían tranquilamente en su pueblo, una espectacular localidad rodeada de montañas y cercana al mar cantábrico. Un día cualquiera, se percatan todos ellos de que necesitan acudir en cuerpo y alma a Valencia en una fecha concreta, el 13 de mayo de 2009. Claro, los muchachos de la zona van a competir contra otro grupo de individuos para conseguir levantar un gran trofeo, uno que se resiste desde hace 24 años. Además, se da la circunstancia de que ambos grupos son los que mas veces han levantado ese trofeo. Vamos, todo un reto. Si algo caracterizaba a estos muchachos era la tenacidad, el orgullo y el amor a su pueblo y a su equipo. A los tipos del otro equipo no sabemos muy bien qué les caracterizaba, porque se daba la extraña y curiosa circunstancia de que cada uno procedía de una zona distinta del mundo – ahí es nada, de todo el mundo- y hablaba una lengua distinta.
Convencidos de que la victoria de sus muchachos era algo seguro (porque los del grupo contrario no iban a ser capaces de entenderse los unos con los otros y mucho menos iban a poder oír los ánimos de sus vecinos) casi todo el pueblo decidió ir a animarles y apoyarles como hacían cada domingo en su inigualable campo de fútbol, el mas envidiado de Europa.
Claro, lo que los de este pueblo deciden hacer lo hacen, o al menos lo intentan por todos sus medios. Y cuando digo que es por todos los medios, no lo digo en plan metafórico no, me consta que son capaces de cualquier cosa para lograr acompañar a sus muchachos a semejante evento.
El pueblo y la comarca entera se volcaron en conseguir una entrada para asistir al partido, los comercios comenzaron a cerrar antes, las empresas sufrieron un bajón de productividad como nunca antes lo habían sufrido, los suministros empezaron a escasear, se agotaron las agendas y los listines telefónicos, y las agencias de viajes no daban a basto. Si alguien conocía a alguien que a su vez conocía a alguien que a su vez conocía a alguien que a su vez conocía a alguien que podía conseguir una entrada, recibía todo tipo de agasajos y favores. Los socios del Club al que pertenecían los chavales se hacían todo tipo de cávalas y soñaban con ser agraciados con una de las 20.000 entradas que su club iba a recibir. Eso si que era muy difícil de llevar, la posibilidad tener que quedarse en el pueblo y seguir la disputa en la distancia o bien acudir a Valencia sin entrada para intentar comprarla a cambio de los ahorros de todo un año.
Somos únicos,
y siempre seremos diferentes










